Josué Rodríguez
Piedras Negras, Coahuila, 10 de marzo. – El médico traumatólogo José Luis Flores, originario de Piedras Negras, relató la experiencia de angustia que vivió junto a su esposa durante unas vacaciones en Dubái, cuando inesperadamente quedaron en medio de un conflicto armado que transformó por completo lo que sería un viaje de descanso.
El especialista explicó que el incidente ocurrió justo al final de su estancia, pues tenían previsto regresar el viernes. Sin embargo, durante la madrugada del sábado estalló el conflicto en la región, generando incertidumbre y temor entre los turistas. “La principal preocupación era la seguridad de mi familia”, señaló.
Flores destacó que para quienes viajan desde lugares lejanos, como México, la situación resulta aún más complicada, ya que no existe claridad sobre lo que puede suceder ni a quién acudir en medio de un escenario internacional de tensión. Aunque en Dubái se confía en los sistemas de defensa y seguridad, los visitantes sienten impotencia al encontrarse en un conflicto ajeno, donde las prioridades de protección recaen principalmente en los ciudadanos locales.

La salida del país no fue inmediata. El regreso originalmente planeado se vio afectado por múltiples cancelaciones y reprogramaciones de vuelos, lo que además generó gastos imprevistos. Durante ese proceso, recibieron apoyo de la Embajada de México en Emiratos Árabes Unidos, que les gestionó una visa de emergencia para intentar salir de la región; aun así, varios vuelos fueron suspendidos.
Finalmente, lograron una ruta alterna que los llevó primero a Polonia, luego a Frankfurt, Alemania, posteriormente a Houston y, más tarde, a San Antonio, desde donde pudieron continuar hacia la frontera. En uno de los trayectos, el capitán del vuelo informó que debían modificar la ruta para evitar sobrevolar zonas de riesgo cercanas a Irán, lo que obligó a realizar una escala técnica en El Cairo, Egipto, para recargar combustible.
El médico describió el ambiente en los aeropuertos como tenso, con constantes revisiones de documentos y anuncios sobre posibles cancelaciones, lo que mantenía a los pasajeros en permanente incertidumbre. Tras recorrer entre 15 y 17 mil kilómetros y casi dos días de traslado, finalmente se reunió con sus familiares en San Antonio. “Sentí tranquilidad al saber que el mayor peligro había quedado atrás. Esta experiencia me dejó la enseñanza de valorar más el tiempo con la familia y la seguridad de estar en casa”, expresó.











