Josué Rodríguez
Piedras Negras, Coahuila — Desde los pasillos de la Casa de la Cultura hasta los escenarios más prestigiosos del planeta, la trayectoria de Alejandro Vela se ha forjado con disciplina, sacrificio y pasión. Originario de esta frontera, el pianista ha conquistado más de 37 países, consolidándose como uno de los músicos mexicanos con mayor proyección internacional en la música de concierto.
Nacido el 28 de octubre de 1976 en Piedras Negras, Alejandro creció rodeado de educación y música. Hijo de la reconocida maestra Hortensia “Titi” Vela Mante y del licenciado Juan Antonio Ruiz de la Rosa, descubrió desde niño una afinidad especial por el piano. Su infancia transcurrió entre clases en la Casa de la Cultura y un creciente interés por las teclas que pronto se transformó en vocación.

“Todos estaban tocando piano y pregunté por qué yo no”, recuerda. Bastaron unas cuantas piezas para confirmar que la música sería mucho más que un pasatiempo.
Su formación inicial con su madre se fortaleció con el maestro Robert Avalon, de San Antonio, Texas, quien lo encaminó hacia una carrera profesional. A los 10 años ya ganaba concursos estatales y regionales; a los 12, su triunfo en un certamen le permitió presentarse con la Orquesta Sinfónica de San Antonio, experiencia que marcó su destino.

“Cuando me puse el smoking y subí al escenario, entendí que esto era lo mío”, comparte.
A los 14 años dejó su hogar para estudiar en la High School for the Performing and Visual Arts de Houston. El reto fue enorme: aprender inglés, adaptarse a una nueva cultura y vivir lejos de su familia. “Salir de casa tan joven fue difícil. El idioma fue una barrera importante, pero la pasión por la música siempre me empujaba”, señala.

Su disciplina lo llevó a conocer al director Christoph Eschenbach, figura clave que le abrió puertas internacionales. Más tarde ingresó a la prestigiosa Juilliard School de Nueva York, donde cursó licenciatura y maestría bajo la tutela de Yoheved Kaplinsky, consolidando una formación de excelencia.

Desde entonces, Alejandro Vela ha recorrido escenarios de Asia, Europa y América: Japón, Alemania, Francia, Italia, Suecia, Finlandia, Holanda, Suiza, Israel y Canadá, entre otros. Ha tocado en recintos emblemáticos como el Lincoln Center de Nueva York y el Concertgebouw de Ámsterdam, siempre bajo la filosofía de que “siempre hay que mejorar y esforzarse más”.

Actualmente trabaja en seis programas musicales de alta exigencia, dedicados a compositores como Liszt y Schubert, además de espectáculos especiales como Piano de Película, inspirado en grandes temas cinematográficos. Reconoce que cada obra exige tiempo y conexión emocional: “No siempre hay contacto desde la primera vez. A veces vuelves una segunda, tercera vez y algo empieza a desarrollarse”.

Su carrera también le ha permitido conocer distintas culturas. En Asia, por ejemplo, observó diferencias en hábitos alimenticios y disciplina. “Uno se da cuenta que la forma de vida es muy diferente. Yo me adapto. No soy de los que llevan tortillas en la maleta”, comenta entre risas.

Pero más allá de la música, Vela busca proyectar a Piedras Negras en el mundo. En su próximo concierto en Japón, el 20 de junio en Tatebayashi, planea incorporar un ingrediente especial: los nachos, símbolo gastronómico de la frontera. “Como embajador del nacho y promotor cultural, quiero conectar a Piedras Negras con Japón”, afirma.

La idea, impulsada junto con su representante japonesa Kawashima, contempla futuros intercambios culturales que combinen gastronomía, música y promoción artística. “¿Por qué no pensar en un festival cultural donde también esté nuestra gastronomía? Llevar una parte de Piedras Negras al mundo sería maravilloso”, expresa.
Mientras continúa con giras internacionales, mantiene firme una meta: presentarse en el Palacio de Bellas Artes, uno de los escenarios más emblemáticos de México.











