Por Guillermo Robles Ramírez
La Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro, esa institución que ha estado ahí, firme como un roble antiguo, por más de un siglo. Cumplió 103 años hace apenas unos días, desde que la fundaron en marzo de 1923, y en todo ese tiempo ha tenido sus altos y bajos, como cualquier vida bien vivida.
Aunque hay que decirlo que los momentos buenos siempre han pesado más, mucho más que los tropiezos. Recuerdo las palabras de uno de sus primeros directores, cuando aún era solo una escuela: «La Narro va a seguir siendo un orgullo para Coahuila y México. Tiene muchas cosas muy buenas». Y vaya que tenían razón.
Ese director era el ingeniero Luis Horacio Salinas Aguilera, un hombre que no solo egresó de ahí, sino que luego la dirigió en sus inicios. Él lo dijo con esa precisión que solo da la experiencia, y miren cómo el tiempo le ha dado la razón.
La Narro ha sido la cuna, el alma mater, de miles de ingenieros agrónomos y especialistas en todo lo que toca la tierra; desde la ganadería hasta la silvicultura, pasando por innovaciones en alimentos y medio ambiente.
En estos 103 años, ha elevado el nombre de México en el mundo, siendo un verdadero semillero de profesionales excepcionales que han transformado el campo. Piensen en sus investigaciones, que no son cosa menor; han aportado tanto a la producción alimentaria que es difícil no emocionarse. Por ejemplo, esa variedad de maíz enano que desarrollaron sí, el famoso maíz chaparro, que se hizo internacional. ¿Por qué? Porque con plantas más cortas, resistentes al viento y a las plagas, se logran más mazorcas por hectárea, lo que significa cosechas más abundantes y menos pérdidas.
No es solo teoría; países como India lo adoptaron y siguen viendo rendimientos altos en sus campos, gracias a esa semilla mexicana que cruzó océanos. Y no solo Norteamérica, sino hasta el Viejo Continente han llevado estas ideas, adaptándolas a sus suelos.
Pero no crean que todo ha sido fácil. La Narro ha recibido apoyo de fundaciones transnacionales, reconociendo su impacto en la agricultura y la ganadería global. Organizaciones como la Rockefeller Foundation o la Ford, en su momento, invirtieron en proyectos porque veían el potencial.
Hoy, con colaboraciones modernas con entidades como la FAO o universidades europeas, sigue innovando. Sin embargo, este espacio es corto para listar todos sus logros. Imagínense, cientos de premios, patentes y publicaciones que han mejorado la sostenibilidad del campo.
En mi experiencia, cubriendo temas educativos por años, he visto cómo sus egresados lideran proyectos en todo México; desde mejorar el riego en zonas áridas de Coahuila hasta desarrollar cultivos resistentes al cambio climático en el sur.
Uno de ellos, un amigo mío que estudió ahí en los 80, me contaba cómo aplicó técnicas de la Narro para triplicar la producción de trigo en su rancho familiar. «Es como si la universidad te diera raíces profundas», me dijo una vez, mientras compartíamos un taco en Saltillo.
Y tiene razón; esa preparación es lo que la hace inquebrantable. Los contratiempos, claro, han aparecido. ¿Quién no los tiene? Problemas administrativos, presupuestos ajustados, incluso algunas protestas recientes por mejoras en infraestructura, como las que vimos en 2024 por actualizaciones en laboratorios.
Pero, reflexionando un poco y siendo honestos, ¿acaso eso empaña su esencia? De ninguna manera. Su fortaleza radica en la calidad de sus estudiantes y profesores, en esa capacitación que forja ingenieros listos para el mundo real.
Como bien decía don Luis Horacio, «debemos sentirnos muy orgullosos de ella, todos los coahuilenses y mexicanos en general». Esas palabras resuenan, ¿verdad? Me hacen pensar en una anécdota de mis primeros años como periodista y miren que ha llovido desde entonces, más de lo que quisiera admitir.
Estaba yo en Laredo, Texas, visitando a un apasionado del motociclismo llamado Johnny Gregory. Su taller, pegado al freeway que conecta con la carretera 35, aún existe, por cierto. Le comenté lo bonito que me parecía Estados Unidos, con sus carreteras impecables y todo en orden. Él, con esa sencillez que lo caracterizaba, me miró y dijo: «Tú país es más bello y fuerte».
Me quedé perplejo, y le pregunté por qué. «Tienen lugares preciosos», respondió, «y llevan 500 años tratando de acabárselo y no han podido». ¡Vaya lección!
México, con sus desafíos históricos, sigue de pie, resiliente. La Narro es un poco como eso, es decir, 103 años de historia, con tormentas que han venido y se han ido, pero ella permanece fuerte, reconocida y prestigiosa.
Ha evolucionado, ¿saben? De ser una escuela regional a una universidad autónoma en 1975, con campus en Saltillo y Torreón, y ahora con programas de posgrado que atraen a estudiantes de Latinoamérica entera.
Sus contribuciones no paran; en los últimos años, por ejemplo, han liderado investigaciones en biotecnología agrícola, como variedades de sorgo resistentes a la sequía, que ayudan a combatir el hambre en regiones vulnerables.
Su participación en la sociedad tiene un rol en la ganadería sostenible como son las técnicas que reducen emisiones de metano en bovinos, alineadas con metas globales de cambio climático. Y todo esto, mientras forma a generaciones que salen al mundo a hacer la diferencia.
En conversaciones con egresados, siempre sale a relucir esa pasión por la tierra; uno me platicaba cómo, gracias a la Narro, implementó sistemas de agricultura orgánica en su comunidad, beneficiando a decenas de familias.
Al final, los coahuilenses pueden estar seguros de que los problemas circunstanciales que ha enfrentado en su pasado o recientemente no desmeritan su alta calidad académica. Al contrario, la fortalecen, como las raíces que se hunden más profundo en la tormenta. Felicidades a los universitarios de la Narro a ustedes, los estudiantes, profesores y egresados. Díganle sus inquietudes, exijan lo que haga falta, pero no se la acaben. Porque esta institución es un tesoro nacional, un orgullo que nos une. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org











